sábado, 3 de diciembre de 2011

Ocencahuac, Tequila y Mozart.

Jugando Ocencahuac.
Iniciamos la partida a media noche, cuando ya estábamos disfrutando de un tequila de agave originario de Tequila Jalisco y como fondo musical el Concierto para Violín y Orquesta número cuatro en Re de Wolfang Amadeus Mozart, este  juego que tenia la intención de ser de entrenamiento, para calentar  el cerebro, recordar las estrategias, medir las fuerzas intelectuales y contar con las habilidades que teníamos en ese momento se volvió un juego formal, porque  ese juego de calentamiento nos atrapó y se volvió interesante, complicado, misterioso,   donde parecía que ganaba y luego parecía que perdía.

El Príncipe Ceboruco, valiente, armado solo con su valor nato y el amor que le tiene  a su princesa, con una decisión inmutable por conseguir sus propósitos, inicia la marcha en la búsqueda de  la Princesa Mololoa, saltando sobre un guerrero que estaba en su frente, se aposta gallardo y altivo mientras  su contrario, el Príncipe Sangangüey no se intimida  y también da un salto sobre su propio guerrero, quedando los dos al frente de la contienda, retándose el amor de la Princesa Mololoa solo a dos pasos de la lucha, cuerpo a cuerpo, tardaron un instante para decidir quien daba el siguiente paso y las opciones estaban entre avanzar el Príncipe Ceboruco o un guerrero, o tal vez la Princesa daría valientemente un paso decisivo ubicándose en el campo de batalla despertando los instintos de guerra e incitando a la lucha a sus dos eternos enamorados y acérrimos rivales, sin embargo quien decidió firmemente dar un paso fuerte al campo de batalla fue el Rey Nayar defendiendo el honor de su hija la Princesa Mololoa y tratando de visualizar a sus dos peticionarios frente a frente, se quedo como corresponde a los grandes generales cuando están al frente de sus legiones engrandecido de valor, dando seguridad a su ejército y obteniendo una ventaja de espacio sobre su enemigo, junto con su príncipe apoyando la trinchera tratando de intimidar al enemigo, el otro ejercito titubea un poco, tal vez por prudencia, tal vez por miedo de los comandos superiores o por valentía de un simple guerrero, es este el que toma la iniciativa y se lanza al campo de batalla, fiel a su príncipe se posiciona al frente de Ceboruco sacrificando su vida, está a punto de rebasar los límites de su reino, orgulloso defiende su reino, cual fiel lacayo sin temor alguno sale al frente en defensa de su príncipe y nadie se atreve a cuestionar su decisión así que lo dejan actuar y sacar la casta, entonces, adusto cual piedra protectora inamovible  toma un humilde pero estratégica posición. 

Para entonces el otro reino ya empezaba tempranamente  a dudar de qué posición tomar, pasó largo rato y los guerreros ansioso de entrar en acción, de defender su reino y demostrar su valor o de obtener una victoria que los eleve a las gracias de sus majestades, se movían nerviosos, esperando la orden de ataque, siempre alertas para demostrar su fidelidad, astucia, fuerza y valentía con todo el cuerpo crispado, preparado para la lucha encarnizada que se avecinaba sin tregua hasta que alguien quede victorioso, triunfante y vencedor honorable de una guerra de amor…